
Cenizas o materia inorgánica en la alimentación para mascotas: qué son realmente y cómo interpretarlas correctamente
Por el equipo de nutrición de Tabitpets
Introducción
Pocos términos generan tanta confusión entre tutores de perros y gatos como el de cenizas brutas o materia inorgánica, presente de forma obligatoria en el etiquetado de cualquier alimento completo para mascotas.
Es habitual encontrarse en redes sociales y foros con afirmaciones tajantes del tipo “si tiene más de un 7% de cenizas, es un pienso malo”. Son frases que se repiten tanto que han acabado pareciendo una verdad técnica, cuando en realidad es una simplificación que puede llevar a descartar productos perfectamente adecuados y, al mismo tiempo, a confiar en otros solo porque ese número en concreto es bajo.
En este artículo explicamos qué son realmente las cenizas, cómo se calculan, qué dicen las guías normativas europeas al respecto y por qué la ciencia veterinaria actual matiza buena parte de los mitos que circulan sobre este parámetro.
¿Qué son las cenizas en un alimento para mascotas?
Las cenizas no son un ingrediente que el fabricante añada al pienso. Es un término analítico de laboratorio: el residuo mineral que queda después de incinerar completamente una muestra de alimento a temperaturas próximas a los 550 °C, eliminando toda la materia orgánica (proteínas, grasas, hidratos de carbono y fibra).
Este procedimiento forma parte del llamado análisis proximal (proximate analysis), el sistema clásico de fraccionamiento de nutrientes desarrollado en el siglo XIX en la Estación Experimental de Weende (Alemania) y que sigue siendo la base de cómo se etiquetan hoy los piensos en toda Europa. Lo recogen manuales de referencia en bioquímica de la nutrición animal como Animal Nutrition, de Peter McDonald, J.F.D. Greenhalgh y colaboradores —texto universitario de cabecera en las facultades de veterinaria y ciencias animales europeas desde hace más de cinco décadas—, que describe este método como la base histórica para fraccionar un alimento en sus componentes analíticos: proteína, grasa, fibra, extracto libre de nitrógeno y cenizas.
La organización que regula la industria del pienso en Europa, FEDIAF (European Pet Food Industry Federation), confirma esta misma idea en su guía oficial para consumidores: “ash” no se añade al alimento, sino que es el residuo del método analítico que representa principalmente minerales, por lo que también se permiten términos como “residuo de incineración” o “materia inorgánica”. De hecho, la declaración de cenizas brutas (o residuo de incineración, o materia inorgánica) es uno de los constituyentes analíticos obligatorios en el etiquetado de piensos completos y complementarios para perros y gatos, según el Código de Buenas Prácticas de Etiquetado de FEDIAF, en aplicación del Reglamento europeo 767/2009.
¿Qué minerales forman parte de las cenizas?
Dentro de esa fracción inorgánica se incluyen todos los minerales presentes en el alimento, entre ellos:
- Calcio
- Fósforo
- Magnesio
- Potasio
- Sodio
- Hierro
- Zinc
- Cobre
- Manganeso
- Selenio
Estos elementos no son un añadido superfluo: participan en la formación del tejido óseo, la contracción muscular, la transmisión nerviosa, la producción de enzimas y hormonas, el equilibrio hídrico-electrolítico y la respuesta inmunitaria. Ninguna dieta puede considerarse completa y equilibrada sin un aporte mineral adecuado.
¿Cenizas y minerales son lo mismo?
A efectos prácticos, sí. Hablamos de minerales desde el punto de vista nutricional y de cenizas desde el punto de vista analítico; la diferencia está solo en el método con el que se cuantifican, no en lo que representan.
¿Cuál es el contenido normal de cenizas en un pienso?
En alimentos secos para perros y gatos, los valores habituales se sitúan entre el 5% y el 10% sobre materia fresca, aunque siempre deben interpretarse en el contexto de la receta completa:
| Cenizas | Interpretación general |
|---|---|
| Menos de 5% | Poco frecuente en alimentos secos completos |
| 5% – 8% | Intervalo habitual en muchas formulaciones premium |
| 8% – 10% | Puede ser perfectamente normal según los ingredientes |
| Más de 10% | Conviene revisar la composición completa del producto |
Estos rangos son orientativos, no una clasificación oficial de calidad. De hecho, ni la normativa europea ni las guías nutricionales de FEDIAF establecen un porcentaje máximo de cenizas brutas como criterio de calidad; sí existen, en cambio, límites regulados para parámetros más específicos, como el contenido de cenizas insolubles en ácido clorhídrico, que debe declararse obligatoriamente cuando supera el 2,2% sobre materia seca, precisamente porque ese valor sí es indicativo de contaminación con tierra o arena, y no de un aporte mineral nutricionalmente relevante.
¿Por qué algunos alimentos tienen más cenizas que otros?
El porcentaje de cenizas depende, sobre todo, de qué ingredientes componen la receta:
Ingredientes con menor contenido mineral:
- Carne muscular
- Pescado desespinado
- Huevo
- Determinadas fuentes vegetales
Ingredientes con mayor contenido mineral:
- Harinas cárnicas con contenido óseo
- Pescado entero
- Cartílagos
- Suplementación mineral específica
Una revisión publicada en ScienceDirect sobre composición de piensos secos para perro ilustra bien esta variabilidad: las harinas de hueso pueden contener entre un 24% y un 34% de cenizas brutas, las harinas de subproductos de ave entre un 7% y un 16%, y las harinas de cordero entre un 15% y un 24%. El mismo estudio recuerda que la carne de mejor calidad suele aportar menos cenizas por contener menos hueso, y que el pollo y el pescado son naturalmente más bajos en cenizas que la ternera. Esto explica por qué dos piensos con calidad nutricional comparable pueden mostrar porcentajes de cenizas distintos simplemente por la naturaleza de sus materias primas.
¿Un contenido elevado de cenizas indica baja calidad?
No necesariamente, aunque el mito tiene una base histórica real. Durante años, algunos fabricantes recurrieron a harinas cárnicas con alta proporción de hueso para abaratar costes, lo que efectivamente disparaba el contenido mineral y, de paso, diluía la calidad proteica de la receta. De ahí surgió la idea —simplificada, pero no del todo infundada en su origen— de que más cenizas siempre es peor.
El propio estudio citado anteriormente lo resume con claridad: un contenido elevado de cenizas brutas puede sugerir que la harina de hueso o de subproductos animales es el componente principal del alimento, lo cual suele ser poco digestible. Es decir: las cenizas en sí no son el problema, sino lo que un valor anómalamente alto puede estar señalando sobre el tipo de materia prima utilizada. Por eso el dato hay que leerlo siempre junto al resto de la composición, nunca de forma aislada.
Parámetros más relevantes que las cenizas
Para valorar correctamente un alimento conviene mirar, sobre todo:
- Calidad y trazabilidad de los ingredientes
- Digestibilidad real de las proteínas
- Relación calcio:fósforo
- Perfil de aminoácidos esenciales
- Densidad energética
- Presencia de nutrientes funcionales
- Adecuación a la edad, tamaño y estado fisiológico del animal
Las cenizas son un dato más dentro de una evaluación nutricional completa, no un veredicto por sí solas.
El caso particular de los gatos
En medicina felina se ha prestado tradicionalmente mucha atención al contenido mineral por su relación con la formación de cristales y urolitos urinarios, sobre todo de estruvita (fosfato amónico magnésico) y oxalato de calcio, que son los dos tipos más frecuentes.
La evidencia científica actual, sin embargo, sitúa el origen del problema en un conjunto de factores que va mucho más allá del porcentaje de cenizas del pienso. Una revisión en Today’s Veterinary Practice señala que las dietas con alto contenido en magnesio, fósforo, calcio, sodio, cloro y fibra, combinadas con un contenido proteico moderado, se han asociado a un mayor riesgo de formación de estos cristales, pero matiza que la mayor capacidad felina para concentrar la orina —en comparación con el perro— puede ser en parte responsable de la formación de urolitos incluso sin infección urinaria.
El pH urinario juega un papel determinante y, en buena medida, independiente del porcentaje global de minerales: la misma fuente recoge que la probabilidad de formar urolitos de estruvita estériles puede duplicarse cuando el pH urinario se mantiene de forma constante entre 6,5 y 6,9, frente a un rango de 6 a 6,2. Una revisión publicada en PMC (NIH) confirma este patrón clínico: en un estudio con 20 gatos con urocistolitos de estruvita de origen no bacteriano, el pH urinario medio en el momento del diagnóstico fue de 6,9 ± 0,4.
La concentración de la orina —es decir, cuánta agua bebe el gato y cuánto se diluyen esos minerales— es otro factor central, tanto como el equilibrio mineral en sí. Así lo resume una revisión clínica reciente: el aumento de la concentración de precursores del urolito, el incremento del pH urinario, la disminución de la frecuencia de micción y otros factores predisponentes aún no completamente identificados intervienen conjuntamente en la formación de urolitos de estruvita.
En conjunto, esto significa que el riesgo urinario en gatos no depende de un único número en la etiqueta, sino de la combinación entre formulación mineral, pH urinario objetivo, palatabilidad (que influye en la ingesta de agua) y manejo individual del animal. Por eso las dietas urinarias veterinarias no se diseñan simplemente “bajando las cenizas”, sino ajustando con precisión ese conjunto de variables.
Conclusión
Las cenizas o materia inorgánica representan, sencillamente, el contenido mineral total de un alimento para mascotas, cuantificado mediante un método analítico de laboratorio que tiene más de un siglo de uso en la ciencia de la nutrición animal. Lejos de ser un residuo indeseable, son una parte indispensable de cualquier dieta equilibrada.
Aunque muchos alimentos de alta calidad se mueven en un rango de entre el 5% y el 8% de cenizas, ni la normativa europea ni la evidencia científica disponible respaldan la idea de que exista un porcentaje universal que determine, por sí solo, la calidad de un pienso o el riesgo urinario de un gato. Lo que sí está bien documentado es que la interpretación correcta exige mirar el conjunto: el origen de los ingredientes, la digestibilidad, el equilibrio entre minerales y, en el caso felino, variables clínicas como el pH urinario y la ingesta de agua.
En nutrición animal, como en pocos campos, el contexto pesa siempre más que un único número en la etiqueta.
Fuentes consultadas: FEDIAF (European Pet Food Industry Federation) – Código de Buenas Prácticas de Etiquetado de Alimentos para Mascotas y Guía para Consumidores; McDonald, P., Greenhalgh, J.F.D. et al., Animal Nutrition (Pearson); Today’s Veterinary Practice; PMC / National Institutes of Health; ScienceDirect.
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