
La ética en el mundo de las mascotas: crecer sin perder nuestra esencia
Me gustaría responder a la siguiente pregunta: ¿hemos traspasado la ética en el mundo de las mascotas?
Vivimos una época extraordinaria para el mundo de las mascotas.
Nunca antes habíamos tenido tanto conocimiento sobre nutrición animal, medicina veterinaria, comportamiento, genética y bienestar. Los avances científicos y tecnológicos han permitido que nuestros perros, gatos y otros compañeros disfruten de una mejor calidad de vida y de una esperanza de vida cada vez mayor.
Los números hablan por sí solos. En España hay un total de 24,2 millones de mascotas según el informe Facts & Figures 2025 de FEDIAF, de las que 9,46 millones son perros y 5,95 millones son gatos. El sector de pequeños animales —incluyendo alimentación, salud y bienestar— mueve más de 6.000 millones de euros en España, lo que representa un 0,38% del PIB nacional. Solo las clínicas veterinarias facturaron 2.853 millones de euros en 2024, un 9,2% más que el año anterior, y el sector ofrece 44.500 empleos directos.
También hemos asistido al crecimiento de un sector que genera empleo, impulsa la innovación y ofrece soluciones cada vez más especializadas para el cuidado de los animales.
Sin embargo, junto a este crecimiento surge una pregunta importante:
¿Podemos seguir creciendo como sector sin perder los valores que nos llevaron hasta aquí?
Un sector nacido del amor por los animales
Hay algo que diferencia al sector de las mascotas de muchos otros mercados.
La inmensa mayoría de las personas que trabajan en él comenzaron su camino movidas por una pasión genuina por los animales.
Los veterinarios no dedican años de estudio y sacrificio únicamente por una cuestión económica. Los educadores caninos no invierten su tiempo y esfuerzo porque sí. Los criadores responsables no pasan noches sin dormir atendiendo camadas por simple interés comercial. Los propietarios de tiendas especializadas no empiezan su proyecto únicamente para vender productos.
Detrás de la mayoría de las personas que forman parte de este mundo existe una motivación común: el amor por los animales y el deseo genuino de mejorar su bienestar.
Por supuesto, toda actividad profesional necesita ser rentable para poder mantenerse en el tiempo. No hay nada malo en obtener beneficios por un trabajo bien hecho. Al contrario, una empresa sostenible puede seguir innovando, creando empleo y ofreciendo mejores servicios.
El problema aparece cuando el beneficio económico deja de ser una consecuencia de hacer las cosas bien y se convierte en el objetivo principal.
El marco ético que nos guía: las Cinco Libertades
Para hablar de ética en el mundo animal, conviene recordar el principio que desde hace décadas orienta las buenas prácticas a nivel mundial: las Cinco Libertades del Bienestar Animal.
Este marco, desarrollado a partir del Informe Brambell en el Reino Unido, establece que los animales deben estar libres de hambre y sed, de malestar físico, de dolor o enfermedad, de miedo y estrés, y deben poder expresar su comportamiento natural. Son principios que la Organización Mundial de Sanidad Animal reconoce como estándar mínimo para cualquier actividad relacionada con animales.
Aplicar estas cinco libertades no es solo una obligación legal. Es una brújula ética que debería guiar cada decisión del sector: qué productos ofrecemos, cómo criamos, qué recomendamos y cómo formamos a los propietarios.
Los héroes silenciosos que sostienen el sector
Cuando hablamos del mundo de las mascotas solemos centrarnos en los problemas, pero pocas veces prestamos atención a quienes hacen las cosas correctamente cada día.
Existen veterinarios que recomiendan aquello que consideran mejor para el animal aunque no sea la opción más rentable. Existen fabricantes que invierten en investigación, calidad y transparencia para desarrollar productos realmente beneficiosos. Existen tiendas especializadas que seleccionan cuidadosamente los productos que ofrecen, pensando primero en la salud y el bienestar de las mascotas.
Y existen criadores responsables que representan uno de los ejemplos más admirables de compromiso con los animales.
La Real Sociedad Canina de España (RSCE) lleva décadas promoviendo la cría responsable como práctica beneficiosa y necesaria para preservar las razas españolas como patrimonio cultural e histórico. Los consumidores pueden identificar criadores éticos mediante el Certificado de Bienestar Animal de AENOR, que avala prácticas responsables, así como a través de los registros oficiales de la RSCE.
Con frecuencia, desde fuera solo vemos el resultado final: una camada sana, unos cachorros equilibrados o una raza bien conservada. Lo que no siempre vemos son los enormes esfuerzos que existen detrás: pruebas genéticas, revisiones veterinarias, controles de salud, alimentación de calidad, socialización temprana, estudios de líneas de sangre y un largo etcétera que supone una enorme inversión económica y personal.
Muchas veces estos criadores obtienen beneficios muy modestos o incluso asumen pérdidas. Sin embargo, continúan adelante porque sienten una profunda responsabilidad hacia la raza que aman.
Son personas que rara vez ocupan titulares, pero que merecen un enorme reconocimiento.
De curar a prevenir: la gran asignatura pendiente del sector
Basta con mirar a nuestro alrededor para hacerse una pregunta incómoda: ¿cuándo fue la última vez que conociste a un perro o un gato completamente sano?
Alergias cutáneas, problemas digestivos crónicos, enfermedades autoinmunes, obesidad, ansiedad, hipotiroidismo… Lo que antes eran casos aislados se han convertido en la normalidad de las consultas veterinarias. Hemos normalizado que nuestras mascotas enfermen de forma recurrente, que necesiten medicación de por vida o que vivan con molestias que no siempre sabemos identificar.
Y aquí surge una pregunta que el sector debería hacerse con honestidad: ¿estamos construyendo un modelo orientado a prevenir o a tratar?
Prevenir es menos visible que curar. No genera urgencia. No siempre tiene el margen comercial de un tratamiento prolongado. Pero es, sin ninguna duda, lo que más le interesa al animal.
La alimentación adecuada desde el primer día de vida, la socialización temprana, el ejercicio adaptado a cada raza, el entorno libre de estrés, los controles veterinarios periódicos antes de que aparezca el problema… Todo esto forma parte de una visión de la salud animal que va más allá del diagnóstico y la prescripción.
Si de verdad ponemos el bienestar de nuestras mascotas por encima de cualquier interés económico, la prevención no puede ser una opción secundaria. Debe ser el eje central de cómo criamos, alimentamos, educamos y cuidamos a los animales que han elegido compartir su vida con nosotros.
Porque la salud de nuestro compañero más fiel no tiene precio. Y sin embargo, invertir en ella desde el principio casi siempre cuesta mucho menos que remediarla cuando ya es tarde.
El desafío de un mercado en crecimiento
El crecimiento del sector es una excelente noticia. La industria española de alimentos para mascotas alcanzó los 2.053 millones de euros en 2024, y el mercado europeo de pet food creció un 9%, hasta los 29.300 millones de euros.
Más inversión significa más investigación, mejores tratamientos, mejores alimentos y más opciones para los propietarios. Pero también es cierto que cuanto mayor es un mercado, mayores son las presiones comerciales que aparecen en su interior.
Las marcas compiten por ganar visibilidad. Las empresas buscan aumentar sus ventas. Los profesionales reciben constantemente propuestas comerciales. Las tiendas tienen que diferenciarse en un entorno cada vez más competitivo.
Todo esto forma parte de cualquier actividad económica y no tiene por qué ser negativo. La cuestión importante es no olvidar nunca cuál es la razón de ser de este sector, porque detrás de cada producto, de cada tratamiento, de cada recomendación y de cada decisión empresarial existe un ser vivo que depende completamente de nosotros.
La línea roja que nunca deberíamos cruzar
La inmensa mayoría de los profesionales trabajan con honestidad y responsabilidad. Sin embargo, como ocurre en cualquier sector, también existen prácticas que deberían hacernos reflexionar.
La línea roja se cruza cuando el bienestar animal deja de ser la prioridad. Se cruza cuando se comercializan productos cuya calidad no está a la altura de las promesas que los acompañan. Se cruza cuando el marketing pesa más que la evidencia y la transparencia. Se cruza cuando la crianza se convierte en producción masiva sin tener en cuenta la salud física y emocional de los animales. Se cruza cuando una recomendación se basa más en intereses comerciales que en las necesidades reales de la mascota.
La ética existe precisamente para evitar que lleguemos a ese punto. Porque no todo lo que es legal es necesariamente correcto.
Una responsabilidad que nos pertenece a todos
Es fácil pensar que la responsabilidad corresponde únicamente a determinados profesionales o empresas. La realidad es que todos formamos parte de la solución.
Los veterinarios, fabricantes, criadores, tiendas, medios especializados y propietarios tenemos un papel. Cada decisión cuenta. Cada compra cuenta. Cada recomendación contribuye a construir el tipo de sector que tendremos en el futuro.
Rentabilidad y ética pueden ir de la mano
A veces se presenta la ética como un obstáculo para el crecimiento económico. Sin embargo, la realidad demuestra que los proyectos más sólidos suelen ser aquellos que generan confianza a largo plazo.
La transparencia genera confianza. La calidad genera confianza. La honestidad genera confianza. Y la confianza es uno de los activos más valiosos que puede tener cualquier profesional o empresa.
La rentabilidad no debería construirse a costa del bienestar animal. Debería ser la consecuencia natural de trabajar con responsabilidad, conocimiento y respeto.
Hacia una cultura de responsabilidad compartida
En los últimos años hemos visto importantes avances legislativos en materia de bienestar animal en España. La sociedad exige cada vez más responsabilidad a todos los actores del sector, algo lógico y necesario.
Si exigimos responsabilidad a los propietarios, también deberíamos aspirar a que fabricantes, distribuidores, tiendas, criadores, clínicas veterinarias y laboratorios compartan un mismo principio fundamental: que el bienestar de las mascotas esté siempre por encima de cualquier interés económico.
No se trata de señalar culpables ni de generar enfrentamientos. Se trata de promover una cultura donde la transparencia sea la norma, donde las buenas prácticas sean reconocidas y donde quienes actúan con responsabilidad encuentren el respaldo de toda la sociedad.
Quizá el futuro no dependa únicamente de nuevas leyes o regulaciones. Quizá dependa de algo más profundo: una conciencia colectiva capaz de recordar por qué existe este sector. Porque los animales no pueden elegir los productos que consumen, no pueden decidir quién los cría, no pueden defender sus propios intereses.
Por eso somos nosotros quienes debemos hacerlo.
El verdadero propósito
Más allá de marcas, empresas, clínicas, tiendas, fabricantes o beneficios económicos, existe algo que une a la inmensa mayoría de las personas que forman parte de este sector.
Todos comenzamos este camino por una razón muy sencilla: porque amamos a los animales.
Si conseguimos que ese amor siga siendo la brújula que guía nuestras decisiones, podremos construir un sector más fuerte, más transparente, más responsable y más ético. Un sector donde el crecimiento económico y el bienestar animal no sean objetivos enfrentados, sino compañeros de camino.
La pregunta no es cuánto crecerá el mercado de las mascotas durante los próximos años. La pregunta es si seremos capaces de crecer sin perder nuestra esencia.
Y esa es una responsabilidad que nos pertenece a todos.
Publicado por Tabitpet — Tu referente en bienestar animal y tenencia responsable.
